29/4/13

 

Un acto de coraje

Desde su nacimiento el FIVAC tuvo por meta el apoyo y promoción del videoarte cubano. Era un reto ambicioso pero necesario, sobre todo, porque su difusión y creación todavía eran incipientes en el país, aunque habían pasado más de 40 años de las hazañas de Nam June Paik. Para nadie es un secreto que las artes contemporáneas se han visto afectadas por nuestra condición de isla subdesarrollada, con poco acceso a tecnologías avanzadas.

En esta edición aumentó el número de obras nacionales en competencia y también el rigor en el proceso de selección. Colina arriba, nuestros videocreadores han logrado obras de notable sensibilidad artística con un mínimo de recursos.
En la medida en que el Festival crea un sitio para discursar sobre el género, asciende la integración entre este y los diferentes espacios aglutinadores de artistas. Precisamente, algunas de las fuentes nutricias del evento han sido la Universidad de las Artes, su Facultad de Medios Audiovisuales de Camagüey y la Academia de Artes Vicentina de la Torre. 

El equipo de periodistas del FIVAC no quiere despedirse y perder la posibilidad de sentar a la misma mesa a habaneros y camagüeyanos que forman parte de un mismo sistema de enseñanza artística, para (re)pensar, con  ideas propias, los horizontes comunes  de una generación de videocreadores que emerge.  

Alberto Martín, alumno de la especialidad Dirección de los Medios Audiovisuales en la facultad camagüeyana, considera que la institución le ha aportado la práctica que supone estar detrás de la cámara y los conocimientos indispensables para un realizador. A ello se suman sus estudios  de plástica en la escuela provincial de Instructores de Arte. Todo esto, de alguna forma, ha contribuido a su formación como videoartista: “Nunca uno impone el género por delante de la idea.

Esta te llega y después piensas cómo desarrollarla y qué herramientas te pueden servir de las que ya tienes asimiladas”.

Él considera que vivimos un momento de resistencia y que este es el mejor tiempo para el videoarte, pues aunque con ritmo lento, la tecnología se acerca más al realizador y, por otra parte, “no es que uno tenga que escapar del cine, pero en la videocreación hay que usar elementos novedosos, romper con los cánones de la cinematografía”.

Sin embargo, todo no es de color rosa y aún queda mucho pensamiento unipolar, que Alberto define como “error provinciano”: “a veces hay profesores que se atrincheran ante determinado proyecto de un estudiante, y lo rechazan al recordarle que se forma como realizador de cine y no de video. Me pregunto ¿el video no forma parte del arte visual?”.

Por romper esos abismos opta el Departamento de Nuevos Medios de la Universidad de las Artes al cual pertenece el profesor Yusnier Mentado. Él explica que existen talleres para impulsar la mencionada manifestación y que gracias a la cooperación de amigos de muchas partes del mundo, han accedido  a equipos de punta, como es el caso de Arduino.

“Es muy conocido el espacio creado por dos colegas, Celia y Yunior. Ellos imparten conferencias sobre la historia del género y ayudan a los interesados, sean de la escuela o de otro sitio”.

Por su parte, Rafael Triana Pulido, estudiante avileño de Diseño Escenográfico en esa institución, considera que el principal interés tiene que partir del propio artista, pero que la academia debe seguir brindando apoyo a ideas jóvenes y escalar cada vez más en la democratización de las artes visuales. “Yo encuentro en esta forma de crear el medio para vincular todo lo que he aprendido en esto cinco años de visualidad y diseño. Nada mejor para expresar mis deseos”.

Tanto él como su colega Alejandro Figueredo –quien por primera vez visita la ciudad–, coinciden en que el FIVAC es un estímulo para los creadores cubanos. “Yo creo que el Festival refresca la información que sobre esta manifestación artística se tiene. Es un buen lugar para nutrirnos de lo que se hace fuera del país y adquirir conocimientos a los que no siempre tenemos acceso”.

Desde el 2008 el encuentro camagüeyano demuestra que es posible una socialización en materia de videoarte. En tal sentido, Hansel Oms Batista, graduado de la Vicentina, explica cómo el FIVAC logra  moverse hacia otras zonas fuera de la capital del país, lo cual otorga  un sello original, que se sale de los esquemas del epicentro cultural de la nación.

Junto a los otros, Hansel coincide en que “los premios no solo favorecen materialmente, sino que también se convierten en un alto estímulo moral, que comienza desde el momento mismo en que los organizadores aceptan la obra y se esfuerzan porque esta sea mostrada al mayor público posible.”

Sobre estos temas mucho falta por hablar pero el espacio no nos acompaña. Aunque, a manera de resumen, podría decirse que la actitud consecuente de estos muchachos que año tras año se esfuerzan por crear, por experimentar en una morfología que no conocen del todo, que exponen sin temor su obra ante artistas consagrados; más que una muestra de compromiso con su obra, de fe en lo que se hace, es ante todo, un acto de coraje.

Por: Rafael Gordo Núñez / Equipo del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey.

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