8/4/15




LA ETERNA MIRADA SOBRE EL CUERPO

Al hablar de video-danza enseguida surgen dudas, propias del espíritu humano y su afán de enmarcar los fenómenos dentro de conceptos. Algunos la reconocen como una rama del videoarte, otros la independizan totalmente otorgándole sus propios códigos.

Este género que surge de un arte tan antiguo como la danza, y uno contemporáneo como el audiovisual, aprovecha lo mejor de sus orígenes y se emancipa a la vez de ellos. La video-danza no es, en lo absoluto, el movimiento de un bailarín ante una cámara. La cámara es partícipe de la coreografía, en muchos casos es el eje fundamental que engrana y da razón de ser a la obra.

Pudiéramos referirnos entonces como video-danza a una obra audiovisual cuyo contenido es un cuerpo, o varios, en movimiento. Donde dialoga con naturalidad el lenguaje audiovisual y el danzario.

En este tipo de obra el espacio y el tiempo se tornan categorías nuevas. La danza se despoja de su carácter efímero, de esa representación que ocurre en un momento y en un lugar específico, y que no se repetirá jamás; el bailarín, la pieza, queda intacta, registrada, para siempre. La interpretación desborda los límites de un escenario para apropiarse de los variados espacios y lugares y adaptarse a ellos, involucrándolos en la concepción de la coreografía.

Lo que sí debería ser considerado siempre a la hora de abordar una video- danza es la unión indisoluble de ambos lenguajes. Es el lenguaje audiovisual y sus múltiples recursos lo que complementa el movimiento.

Lo efímero de una danza queda eternizado por la cámara. Con los primeros planos podemos hurgar en el segundo exacto en que se tensa un músculo, romper a través de la edición con los límites físicos del intérprete, aproximarnos al movimiento desde todos los ángulos posibles, ser mil espectadores a la vez.

Es entonces el realizador otro coreógrafo, a la hora de elegir los planos, los movimientos con que se filmará el hecho danzado.
A la vez la interpretación no ha dejado de ser el eje de la obra, pero exige ser afrontada de otra forma, distinta a si ocurriera en un contexto más convencional. El coreógrafo no debe pensar en el movimiento independiente, sino también en la mirada que lo descubrirá.

Autor: Ingrid Castellano Morell. Fuente: Oficina del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey

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