8/4/15




CEDINM, UN “CORTOCIRCUITO” EN LA CALLE DE LOS CINES
La mayor apuesta del FIVAC (y de su nueva sede) es precisamente la de formar, más que espectadores pasivos, una generación creadora que se aventure a hacer cosas, a generar propuestas artísticas dialogantes con los códigos que impone su tiempo.

Cuando en octubre del 2013, la tropa del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (FIVAC) se envasó en el cine Encanto, aquello estaba que metía miedo. El sectorial provincial de Cultura, en una decisión valiente y justa, había otorgado el espacio del inutilizado coloso cinematográfico al comité organizador de este, el único evento internacional de la provincia; y ellos, cubanos de a pie conocedores de las dinámicas internas del país, se mudaron a tiempo completo para la obra que algún día les sería nido, porque la casa de uno solo se erige rápido y bien si tú te pegas con los constructores a raspar paredes, sacar escombros, cambiar falso-techos y pintar muros.

De todo eso hicieron allá adentro y mucho más. Por internet andan todavía jocosas fotos donde Hamlet, Gallego, el Alejo, Albertico, Kevin, y demás chicos de esa familia que es FIVAC, aparecen enmascarados con nasobucos o pañuelos para protegerse los pulmones de la humedad putrefacta y el polvo, y la gente les comenta abajo que si andaban filmando un videoarte de las Tortugas Ninjas.

La broma, como sucede con las buenas casi siempre, enuncia una verdad irónica y contundente: los artistas del audiovisual contemporáneo de nuestra ciudad han tenido que restar o compartir el tiempo de su obra intelectual por un periodo importante, para enfrentar una obra-otra, dura y desgastante: la de reparar y vestir de modernidad una edificación del siglo XIX.

Pero cuando uno entra ahora al CEDINM (el nuevo nombre con que hemos de llamar en lo adelante al cine Encanto y que significa “Circuito para la Exhibición, el Desarrollo y la Investigación de los Nuevos Medios”), el semblante y el ángel del sitio no dejan lugar a las dudas: los sacrificios han valido la pena.

El Circuito es hoy un lugar colorido y climatizado, lleno de plasmas que día y noche trasmiten video-creaciones de artistas locales y foráneos (Galería Píxel), con una biblioteca acuciosa donde pueden consultarse materiales y documentación relativa al mundo del audiovisual emergente (espacio de información El Arca) y un estudio-laboratorio (El Búnker) artillado para impulsar la realización local; en fin, un lugar con un ambiente que hace pensar que el primer mundo es también posible aquí, si existe quien esté dispuesto a trabajar con esmero para hacer el sueño viable.

Todavía batallando con la terminación de la gran Sala Multifuncional Melié, el único espacio del complejo que falta por inaugurar y donde el equipo del FIVAC accionará con una Iniciativa de Desarrollo Local, los habitantes del CEDINM ya le han puesto vibra y acción a su casa: cada mes inauguran una exposición en Píxel, los fines de semana realizan talleres infantiles para acercar a las nuevas generaciones al mundo de las tecnologías comunicacionales emergentes y de la robótica aplicada al arte; los miércoles coordinan con escuelas y centros de trabajo visitas comentadas a la institución; y los martes imparten conferencias o conversatorios con estudiantes del ISA y de la Academia de Artes Vicentina de la Torre. Todos son servicios gratuitos que el colectivo genera.

Para FIVAC ha sido siempre un sueño difícil de soñar, nos consta; y el reto mayor ahora radica en lo que advierte Santana, presidente del Festival, con preocupación: “cuando salimos de Cuba, vemos países donde el turismo de eventos es uno de los principales tributantes al PIB nacional y conocemos ciudades que a nivel mundial son identificadas y visitadas por extranjeros precisamente por bienales o festivales artísticos. Sin embargo, no sentimos en Camagüey esa proyección. El FIVAC en sí puede ser un destino que visibilice a esta provincia en el mapa, pero para lograrlo, entidades culturales, gubernamentales y turísticas tienen que trabajar de conjunto y apoyar al evento. Es impensable una cita internacional que no sea anunciada por los touroperadores y agencias de viaje para gestionarle participación, o que subsista con una conexión a internet paupérrima que imposibilita la realización de algunas obras e incluso enlentece la recepción de los materiales a concurso. Nosotros, acá, si no fuera por la ayuda de Televisión Camagüey, donde cada tarde vamos horas a descargar trabajos que nos envían desde afuera para participar, no tuviésemos concursantes internacionales.”

Lo bueno es eso, que FIVAC en Camagüey no es un cartel en una pared, ni una nómina de fijos y tangibles, ni un sindicato inoperante de cotizaciones y poses: FIVAC es un grupo de seres humanos de alta talla espiritual y profesional, que ha logrado nuclear a su alrededor las buenas voluntades de amigos, colaboradores, admiradores, colegas. Esa sinergia espiritual y creativa, bien lo saben sus promotores, es la mejor manera de impulsar un proyecto. “En el mundo contemporáneo no se llega a ninguna parte si se anda solo”- lo resume Santana- “en Cuba, tristemente, por las coyunturas económicas, la gente ha tendido a crear islas y como que a salvarse a sí mismos, pero la vida te demuestra que cuando colaboras con otro, eso no te quita, te enriquece, te hace crecer, conocer otros horizontes, hasta te visibiliza.”

Diana también lo entiende como un proceso natural: “los artistas estamos llamados a eso, a juntarnos para fundar, para crear espacios que se expandan y se pueblen de todas las sensibilidades posibles.” A mediado de la Calle de los Cines, con sus modos particulares de gestión y sus propuestas visuales provocativas y “extravagantes”, con el pulso acelerado de la modernidad y las rupturas que defienden, con una marcada intención de generar experimentación, investigación, interactividad; ellos vienen a ser un corto-circuito en el mundo narrativo tradicional que el paseo temático propone. Y esto, en una ciudad que parece apostar más por lo vetusto, lo colonial, la comodidad de vivir de la historia, pudiera parecer anacrónico y desatinado; pero hay desatinos venturosos que son como un soplo de aire fresco y que ayudan a revivir el ánima de las cosas cuando la quietud se ha detenido con demasiado peso sobre ellas.

Autor: María Antonieta Colunga Olivera. Fuente: Oficina del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey

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